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BIOGRAFÍA

 

SU LABOR PICTÓRICA

Ya hemos dicho repetidamente que la pintura ha sido siempre y aún hoy lo es su gran pasión. Nunca dejó de pintar y, dentro del campo de lo anecdótico su familia ha llegado a sentir cierta preocupación porque absorto en su arte sigue actualmente olvidándose de los horarios elementales en la vida cotidiana de cualquier familia, ya que nunca encuentra el momento adecuado de dejar los pinceles. También ya se ha apuntado, en algún lugar, que se tienen catalogadas más de 500 obras suyas, concentrándose las principales colecciones en los ayuntamientos de: Cazorla, Linares, Quesada y Villacarrillo. En su Úbeda natal, junto con su colección particular y familiar, se reúne y conserva la mayor parte de su producción: CajaSur, Caja General de Ahorros de Granada, Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y la propia Escuela de Arte. El resto se focaliza en la “José Nogué” de Jaén, en la Galería “Eduma” de Linares, en la “Velázquez” de Valladolid, en el Museo Provincial de Jaén, en el Rectorado de la Universidad de Granada, en la Sala Alcón de Madrid y en numerosas colecciones particulares[32].

Dentro de su pintura, Domingo Molina valora extraordinariamente el dibujo, pero lo entiende como el mayor soporte que pueda tener una obra pictórica. Lo cierto es que esto se ajusta milimétricamente al concepto que de este arte tuvieron los Surrealistas, la Pintura Metafísica y el Realismo Mágico, de cuya mezcla nace la mayor parte de su producción desde el punto de vista estilístico. Pero es que si analizamos también su iconografía, muchos de los morfemas utilizados por estos movimientos quedan puntualmente expuestos en la mayoría de sus cuadros más maduros, y además en todo esto tiene mucho que ver la fotografía, ya que él la suele utilizar con muchísima frecuencia como soporte para realizar composiciones, sobre todo de paisajes, y ya sabemos que este era uno de los encantos de los surrealistas.

Desde el punto de vista técnico confiesa que ha disfrutado fluctuando entre el pincel, la espátula (pero no para añadir mucha materia, sino para obtener un aspecto de hule o de brillo) los collages, el uso de telas en menor medida, las arpilleras, el mínimo uso de los acrílicos, y siempre destacó su preferencia y decantación por el óleo. La pintura al agua prácticamente no la ha tocado (socarronamente confiesa que la única vez que lo suspendieron en la Sta. Isabel de Hungría fue por una acuarela). La tempera, sin embargo, la ha utilizado más, sobre todo para los trabajos de ilustración.

En cuanto a los temas, su preferencia ha sido y sigue siendo la figura humana, y esto desde el comienzo de su carrera. Es más, confiesa que fue en su juventud cuando más retratos hizo y al mismo tiempo cuando más encargos recibió. En este sentido su familia ha sido siempre su tema preferido pero realizó retratos de todo tipo de los que recuerda especialmente dos, que hizo casi de forma simultánea, de dos jueces que ejercieron en Úbeda, una vez que consiguieron su condición de magistrados. Los ensalza porque quedó muy satisfecho de su trabajo y ni siquiera se conservan fotografías de ellos. Hoy en día suponemos que pertenecen a colecciones particulares y Molina Sánchez tiene un especial interés en localizarlos.

“Cacharros – II” (Ayuntamiento de Quesada) Óleo sobre lienzo73 x 92 cm. 1971

En definitiva, la figura humana es una constante en su pintura aún incluso cuando vemos sus naturalezas muertas, donde suelen aparecer con connotaciones abiertamente surrealistas, porque a renglón seguido y entre sus temas preferidos se encuentran precisamente los bodegones, muy abiertos a todo tipo de objetos, en los que no tiene ningún inconveniente en introducir no sólo personajes y figuras, como decíamos, sino incluso hasta paisajes, y es que en este sentido es un artista abiertamente ecléctico.

Aún queda por destacar otra parcela en la que ha experimentado de forma profunda: el paisaje. Especialmente, y sabiendo el enorme amor y devoción que siente por su tierra, resulta lógico que la mayoría de los paisajes sean ubetenses, pero ha sabido captar de forma magistral la luz y el color de otras provincias andaluzas, y con ayuda de la cámara recogió y resumió en su taller el ambiente amable y acogedor de Praga, el bullicio y la belleza barroca de Roma, el urbanismo ordenado londinense y el cosmopolitismo neoyorquino.

Lo cierto es que al hablar de este asunto deberíamos tratar de su escasa proyección internacional, elegida consciente y abiertamente por él, a pesar de que en más de una ocasión se le ofreció la posibilidad y se le impulsó a que lo hiciese, frenando esas inquietudes exógenas el propio pintor. Aun así habría que decir que en 1965 fue seleccionado en la II Exposición “Las Artes en Europa”, de Bruselas, que a continuación se exhibió en la Sala Abril de Madrid, con el cuadro “Gólgota” (tríptico), y que tres años más tarde participó en la I Bienal de Arte Contemporáneo, celebrada en el museo Galliera de París en la que presentó el tríptico “Maternidad”[33]. En el interés por dar a conocer su obra a nivel nacional e internacional hay dos personajes claves en su vida: Pepe Ventura y Lorenzo Lechuga. A través de Ventura, que fue un afamado fotógrafo, consiguió exponer no sólo en Madrid (tal y como hemos reseñado ya), sino que incluso logró que Domingo expusiese en Bruselas (también ya comentado), y que la misma obra expuesta en Bélgica viajase a Nueva York. Por su parte Lorenzo Lechuga, que fue alcalde de la ciudad en la década de los cincuenta, y que siempre sintió gran admiración hacia él, no solo le encargo obras para el embellecimiento del ayuntamiento de Úbeda (que desgraciadamente no llegaron a realizarse nunca), sino que fue él quien más le recomendó que saliese de su ciudad para poder alcanzar así cierto reconocimiento internacional ya que siempre tuvo una auténtica fe ciega en su valía como pintor. Lechuga fue un alcalde fugaz (desde julio de 1953 hasta el 20 de mayo de 1956) pero era un hombre culto y muy progresista (simpatizante de izquierdas), de familia muy acomodada y perito agrónomo de profesión.

La cuestión es que D. Domingo (como es tan frecuente en el mundo del arte) siempre prefirió su taller y su trabajo en soledad, olvidándose, casi por completo, de esa labor de marketing, de exposiciones, presentaciones y del farragoso mundo de los contactos y las galerías, y todo en aras de su propio arte y de mantener a su familia unida y especialmente cuidada. En definitiva: nunca ha perseguido la gloria del triunfante, se regodea en la intimidad de su ordenada, disciplinada y callada tarea de pintor, lo que evidentemente no mengua absolutamente nada su categoría como artista.

Pero independientemente de esta cuestión, Molina Sánchez sigue tan activo como siempre, estando la década de los 90 y lo que llevamos del siglo XXI repleta de exposiciones, trabajos y reconocimientos, con una evolución en su pintura perceptible a simple vista y reconocida por él mismo. Cuenta D. Domingo que actualmente, impresionado por la “Mass Media”, posee una extensa colección de figuras del cine, del teatro y de las celebridades más consagradas de la vida cultural internacional que aparecen casi de forma involuntaria en sus cuadros. En ellos el mundo del surrealismo y de lo onírico lo impregna todo, armonizándose las “efigies” con un fondo de lo más ecléctico. Según él este tipo de obras las ha hecho desde siempre pero actualmente las repite con mayor intensidad, incluso ha llegado a advertir que la misma figura (personalidad o celebridad) aparece en varios cuadros sin que él haya sido consciente de ello[34].

“En el estudio – IV” Carboncillo 76 x 65 cm. 1991

Tal y como decíamos, y a pesar de su avanzada edad, solo en la década de los 90 ha efectuado cinco exposiciones individuales. Es decir que en plena madurez ha mostrado su obra en solitario tantas veces como llegó ha hacerlo en la década de los 80: tres de ellas, y como era de esperar, se realizaron en Úbeda, siendo la mas significativa de las tres la celebrada en 1992, en la sala de Exposiciones del Hospital de Santiago. Es la más emblemática porque, en realidad, fue una exposición-homenaje “50 Años de Pintura 1942-1992”. Es decir, estamos hablando de una retrospectiva de toda su producción que fue impulsada por la Escuela de Úbeda, siendo director de la misma D. Tomás Doña Jiménez. Con esta muestra merecidísima el centro del que fue director le rendía así, mediante una exposición antológica, un más que merecido homenaje. Por otra parte en la sala del “Pintor-Elbo”, y con la misma sede, volvió individualmente a exponer en 1998 y 1999, constituyendo, hasta el momento, una especie de canto del cisne en su trayectoria pictórica. Y aún nos quedan otras dos más que citar: la de 1991 en la “Casa de Úbeda” en Madrid, y la que tuvo lugar en 1997 en la sala de exposiciones de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jaén[35].

Verdaderamente en toda esta cuestión hay un asunto que deberíamos puntualizar. Ya conocemos el escaso interés que D. Domingo siempre ha sentido, y no es solo una cuestión de pereza, por mostrar sus obras (individual o colectivamente), es por eso por lo que sorprende aún más que el número de exposiciones de esta década sea idéntico al de los años 80. La cuestión es que ha sido su hijo D. Manuel Ramón Molina (actual jefe de estudios de la Escuela de Arte “José Nogué” de Jaén) quien se ha encargado de impulsar el nombre de su padre y de poner de manifiesto, dándolo a conocer al público, todo cuanto producía D. Domingo, lo que explica de forma palmaria las sucesivas y continuas exposiciones, y esto es así prácticamente desde que Manuel Ramón contaba con tan solo 15 años. Y es que, en esencia, su hijo es realmente su biógrafo, su archivero, su galerista y casi que podíamos añadir que su comitente, hasta el extremo de que ha sido él quien ha obligado literalmente a su padre a participar en las ya mencionadas muestras, y en las exposiciones colectivas, que también van desde el año 90 al 98: de esta manera formó parte de la exposición “Artistas Plásticos en Úbeda” (1990) en la sala de exposiciones del ya citado Hospital de Santiago. En 1997 en la llamada “Pintores de Jaén” celebrada en la Galería de Arte “Eduma” de nuestra capital, y en 1998 en la colectiva “Pintores con los Niños” cuya sede fue la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Jaén[36]. Por último, no podemos dejar de mencionar el enésimo galardón recibido recientemente por Molina Sánchez, y así en 2005 recibió el premio de la Casa de Jaén en Granada, por su larga y dilatada obra como artista de fama reconocida[37].

Antes de dar por finalizado este epígrafe, o capítulo dedicado a su tarea como pintor, me gustaría dejar constancia de un entuerto del que la prensa se ha hecho eco con cierta frecuencia, y es su pertenencia al renombrado “Grupo Jaén”. Es absolutamente cierto que expuso junto a ellos en dos ocasiones: en 1966 y en 1969. La primera en la Sala Gran Casino de Ciudad Real, y la segunda en la Sala de la Caja de Ahorros de Córdoba[38]. Pero según confesión propia, y conociendo su introspección con su particular mundo, afirma de manera rotunda que nunca perteneció al grupo, es más no sintió nunca ninguna afinidad por el mismo, sólo recuerda la empatía entre Fausto Olivares y él, ya que Fausto tenía ya una mayor proyección exterior y una más marcada personalidad. Define el grupo, en suma, como un grupo generacional, cuya formación partió de la iniciativa de los pintores de la capital jienense[39].

Rafael Recio Mora
Profesor de Historia del Arte de la Escuela de Arte “José Nogué”
[32] Ver los datos ofrecidos por su biógrafo e hijo D. Manuel Ramón Molina… Op.Cit
[33] Ibídem
[34] Entrevista realizada por el autor a D. Domingo Molina… Op.Cit
[35] Datos ofrecidos por su biógrafo e hijo D. Manuel Ramón Molina
[36] Ibídem
[37] Ibídem
[38] Ibídem
[39] Entrevista realizada por el autor a D. Domingo Molina